La edición de Don Quijote de la Mancha que posee delata su sensibilidad literaria

Don Quijote de la Mancha
El siempre vigente Don Quijote de la Mancha, es un libro que se encuentra en muchos hogares, y que de por sí nos contará mucho de su dueño

¿Puede un libro, como Don Quijote de la Mancha, revelar qué clase de lector lo posee?
Es grato acudir a una casa en la que no habíamos estado antes y poder revisar, si esto se nos permite, los libros que en ella existan. No es preciso estar ante una inmensa biblioteca; basta tener la oportunidad de observar unos tomos para emprender un viaje, dilatado o frugal, que habrá de confirmar o revelar, con suficientes evidencias, algunas cualidades e intereses inherentes a sus poseedores: unas conclusiones obtendremos de la colecciones adecuadamente distribuidas y preservadas, no importa si grandes o pequeñas; y otras de aquellas en que no veamos más que libros amontonados y acaso faltos de afecto para su adecuada conservación.

En esto de hurgar entre libros, que duda cabe, suele ser por demás placentero hallarnos con el siempre vigente Don Quijote de la Mancha, un título que de por sí nos contará mucho de su dueño, así, el tomito con su resumen, bueno o malo, nos dirá que en la casa correspondiente acaso existen o existieron estudiantes a los que, una deficiente enseñanza de la literatura, no logró convencerlos de regocijarse con la obra en su versión íntegra; una versión para niños, más que hablarnos de sus posibles lectores, algo habrá de decirnos de editores que han intentado captar adeptos en un sector para el que tal vez no están pensadas las ideas de Cervantes; una versión completa, por el contrario, bien nos hablará de un lector que se incorpora a las nunca desbordantes miríadas de seguidores que han hecho del Quijote un clásico por antonomasia.

 

Don Quijote de la Mancha en su biblioteca

 

Cuando hallamos esa edición integral del Quijote, otras son las ideas que de su poseedor podemos hacernos; positivas generalmente, aunque en algunos casos el tomo o los tomos en cuestión apenas sean parte de una colección que se ha acopiado más como ornamento que se luce que como objeto de lectura al cual se acuda con mayor o menor frecuencia.

De todas maneras, no deja de ser una especie de ritual el estar en una biblioteca y pedir a su custodio que nos permita apreciar su edición de El Quijote: las más lujosas nos revelan al esteta existente en su feliz poseedor: un lector que, a más de estimar el texto, tiene la suficiente educación y sensibilidad para apreciar el valor agregado que representa una cuidada presentación, qué mejor si enriquecida con grabados como los de Ibarra, Vanderbank, Hogarth, Camarón, Doré, Scholz, Carnicero… y tantos célebres artistas que han interpretado el inmortal legado cervantino.

 

Ediciones que saltan a la vista

 

Las ediciones antiguas, por su parte, nos revelan, además, al coleccionista, al buscador de esa rareza eternamente apetecible y valiosa, esa popular joya que se encuentra traducida a casi todas las lenguas existentes, que conoce ediciones para no videntes, ediciones en lenguas ya extintas y hasta ediciones que asignan un carácter de su dilatado título completo al lomo de cada uno los 38 minúsculos tomitos que las conforman.

Los estudiosos, por su parte, atesorarán con sano orgullo los 2, 3, 4, 8 o más cuerpos que componen las valiosas ediciones anotadas, con mayor o menor detalle, por eruditos como: Francisco Rodríguez Marín, Diego Clemencín, Vicente Gaos, Federico de Onís, Angel Valbuena Prat, Luis Astrana Marín, Fernando Lázaro Carreter, Joaquín Forradellas, Angel Basanta, Antonio Rey Hazas, John Jay Allen, Martín de Riquer, Rodolfo Schevill, Juan Eugenio Hartzsensbuch, Andrés Amorós… e incluso los facsímiles gracias a los cuales es posible tener idea de cómo fue El Quijote en su edición princeps, una edición que, como muchas otras, es además valiosa por reflejar un momento específico en la historia del idioma español, una lengua que no ha dejado de evolucionar a 400 años de ese primer momento en que Don Quijote salió del taller de impresión de Juan de la Cuesta y nunca ha dejado de encontrar lectores que, tarde o temprano, han devenido devotos de sus siempre sustanciosas aventuras.

Un registro de principios del S. XX consignaría, publicadas hasta entonces, más de 800 ediciones de El Quijote; una nota de prensa del año 2002, procedente de España, informa que en un museo de la Mancha existen 3,500 tomos con la obra.

La bibliografía que El Quijote ha suscitado (por no hablar de las innumerables obras musicales, poéticas, cinematográficas… que ha originado), da igualmente para abarrotar, sin nunca completar, bibliotecas inmensas, bibliotecas frente a las cuales las nuestras tal vez lucirán modestas mas nunca habrán de estar incompletas, si en ellas alojamos al menos un ejemplar con el texto íntegro de esa egregia cuanto exquisita epopeya del hombre moderno contenida en las páginas de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Franklin Cepeda Astudillo

Autor, articulista, profesor, investigador, el Dr. Cepeda Astudillo es originario de Riobamba, Ecuador, tiene un Doctorado en Historia y una Maestría en Estudios Latinoamericanos en la Universidad Andina Simón Bolívar.