Nicaragua y Honduras necesitan de nuestra urgente ayuda

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Los residentes se paran afuera de una casa rodeada por las inundaciones provocadas por el huracán Eta en Wawa, Nicaragua, el martes 3 de noviembre de 2020. (AP Foto/Carlos Herrera)

Al momento que escribo esta columna el Huracán Iota está azotando parte de Centroamérica, siendo los países más afectados Nicaragua y Honduras, mismos países que a principios de noviembre fueron golpeados por la tormenta Eta; que dejó a su paso gran destrucción. En tiempos como estos Dios nos manda a abrir nuestros corazones y ayudar.

Recordando el huracán Mitch en el 2008

Recuerdo la historia de Martha Barahona, una madre hondureña que perdió dos hijitas en medio del huracán Mitch en el 2008, el cual desbastó parte de Honduras en esa ocasión.

Martha cuenta como sobrevivió ese dolor tan terrible, fueron los momentos más oscuros que una madre pueda vivir. Adicionalmente, Martha tuvo que lidiar con la burocracia de su país y luchar por adquirir algún alimento para sobrevivir. Más tarde, Martha decidió emigrar a Estados Unidos, como ella dice, agarrada de la mano de Dios.

Esta vez, Cuando Martha oyó de la tragedia de su país, tomó el teléfono y me llamó y me comentó que quería cooperar con todo lo que pudiera.

Reunión con el cónsul Raúl Subilón

Al hablar con Martha, me di cuenta de que su dolor era genuino y que el deseo de ayudar era real, y fue por eso por lo que decidí invitarla a una reunión que convocó el cónsul de ese país, el señor Raúl Subilón; para pedir a la comunidad en general y la comunidad hondureña a ayudarle enviar un avión que su país ha puesto a disposición, para que los voluntarios, iglesias y comunidad en general pudieran llenar y enviar para los damnificados.

Martha estuvo en esa reunión y se comprometió a trabajar hasta ver ir esa carga. Es así como después de la reunión, Martha se dispuso a la tarea incansable de doce y quince horas al día; con muy poco descanso y ha preparado cajas de cajas de alimento, ropa y otros enceres; hasta llenar un camión con sus propias manos, pues su deseo es que esta carga salga lo más pronto posible.

Siempre creo que Dios vindica a aquellos que han sufrido y han perdido algo valioso, pero así como la historia de Martha, debemos aprender que el dolor y la pérdida no nos debe de dejar inertes, sino saber que Dios sigue en su trono y que Él nos ha dado las fuerzas para seguir, y el antídoto para todos los males; es poder servir y dar un poco de lo que Dios nos ha dado a nosotros.

He visto que la persona más sana, más alegre, es la persona que da. Muchas personas que viven con resentimiento, con odio y nunca dejan ir su dolor, no podrán encontrar la sanidad interior. Me encanta la actitud de Martha, siempre con una sonrisa, feliz y deseando el bienestar de otros.

Estamos entrando en la época que celebramos a Cristo, el Dios maravilloso que murió y resucito para darnos, paz, alegría, felicidad y finalmente nos promete la vida eterna; Él es la máxima y absoluto ejemplo del amor y de la bondad, y que por su palabra nos pide que seamos como Él.

Centro de acopio para Nicaragua y Honduras

En este tiempo de pérdidas en Nicaragua y Honduras yo le llamo a la unidad y le pido que abra su corazón a dar lo que pueda. Ahora hay varios lugares de acopio, pero le doy el número de Martha para que se comunique con ella, si desea unirse a ser voluntario o a dar para esta noble causa, la cual ella lleva muy en serio en su corazón: 980-202-9760 Deseo que Dios le bendiga a usted y su familia.

Maudia Meléndez

Por tres décadas ha servido en su ministerio pastoral y en la organización Jesus Ministry. Presidenta de la Federación de Iglesias Cristianas. Autora del libro: El encuentro que me transformó